miércoles, 3 de enero de 2018

Olivenza

La espuma,
tapando tu rostro.

Borde de unos labios,
besando el borde, de un tiempo...
con el borde del aire...
esperando un solo beso.


Lineas de manos en el pecho.
Un desnudo tumbado
en el charco de sangre.

Cuerpo añorando las manos,
que escriben en la piel,
el nombre de un silencio
con nombre de nadie.

La hora de la última respiración
como palabra acabada
se deja, para morir, nacer
y se eleva en el acantilado solitario
despertándose del último amanecer
a la hora del salto
con la mano abrazada
y la voz, sujetando corazón.


Ya no queda una palabra por decir.
La ultima, quedó tumbada en arena.

El paseo, se hizo largo en la noche
acompañado de ese velo de estrellas.

Quiero
desaparecer en la noche
con la luna reflejada en mi sofá
y la estufa calentándome hacia el norte.



Junto a la orilla

Rostros escondidos.

Cuerpos y sombras, tumbados,
encima del cemento.
Brazos  cruzados,
aullidos de lamento.

En mármol, pies descalzos...
quedan siempre
dedos frios.

Toda la sangre de mi cuerpo
dió color, a la colcha de una cama.

Y salí,
de tu boca lavadora,
para quedarme en el suelo,
tumbada, mojada, y sin ropa.

Aunque mi cuerpo pueda verse,
escapé por la ventana abierta,
y volé buscando el mar,
usando con mis pies sus dos aletas.

Solo son segundos, pero,
los siento eternos.

Mi cabeza,
se abrazó con sus rodillas.

La luz, fue corazón
con mil bombillas.

Mi boca se cerró.
Y soñé con un sueño.

Abierto...

tan lejano, y asustado como yo.